Seguimos con el resumen del libro sobre la polio; hoy toca hablar de las vacunaciones
Las
primeras vacunas entrañaban tres cuestiones básicas:
1. Evaluar
la inmunidad de las personas frente a la polio
2. Evaluar
las personas que podían ser vacunadas
3. Establecer
la duración de la inmunidad frente a la polio.
Estas tres cuestiones eran las que
determinaban el tipo de vacuna, la dosis y el ritmo de aplicación y cantidad de
personas a vacunar.
SALK y SABIN son los creadores de las
vacunas. La inyectable de Sabin empezó a aplicarse en EEUU en 1955, pero no en
España que, al reconocer tardíamente el problema, no había previsto un
presupuesto económico para adquirir las dosis de vacunas suficientes.
Cuando se comprobó la eficacia de la
vacuna SALK, se empezó la vacunación en España, en 1958, pero no fue gratuita
para toda la población, estableciéndose tres grupos: beneficencia, débiles
económicos y pudientes para aplicar otros tantos grupos de tasas: la gratuita,
la de 3 y la de 9 pesetas por dosis.
Las dosis enviadas eran con frecuencia
inferiores a las pedidas y la falta de recursos frenó la extensión de la
campaña.
La Salud Pública y la prevención,
labores propias de la Dirección General de Sanidad, en manos de médicos
militares y católicos, trataban de ser arrebatados por el SOE, controlado por
la Falange, que tenía más recursos económicos y vacunaba a los hijos de los
asegurados, en paralelo a la campaña de vacunación de la DGS.
Todo ello era una guerra soterrada entre
el SOE y la DGS; la DGS ponía la vacuna SABIN y el SOE la SALK. Se decía
incluso que la vacuna SABIN era peligrosa y poco experimentada, que Sabin era
americano, pero de origen ruso y que era una vacuna comunista que iba a dejar a
todos los niños paralíticos.
Ambas vacunas eran eficaces,
desplegándose una campaña de propaganda que recurrió al NO-DO y a la Familia
Telerin.
Como estrategia se utilizó la vacunación
de los nietos de Franco y se persiguió la colaboración de los padres,
culpabilizando a los que no vacunaban a sus hijos.
Hay que destacar la colaboración de
maestros, pediatras, autoridades sanitarias, Cruz Roja y Cáritas, contribuyendo
a ofrecer una imagen de unidad muy importante para la legitimización del
Régimen.
Un despliegue similar tuvo la segunda
fase de la campaña de vacunación, utilizando nuevamente la vacuna Sabin.
En los años siguientes disminuyó la
población a vacunar y se redujo la inversión en infraestructuras y en
publicidad, lo que evidencia una mala gestión sanitaria, aumentando los casos
de polio en 1966-67.

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