domingo, 14 de julio de 2013

primeros recuerdos hospitalarios


El color de hoy es blanco frio, blanco roto, blanco brillante y afilado...
Acabo de leer un libro sobre la polio y cita a un médico valenciano que fue jefe de Traumatología, Ortopedia y Rehabilitación del Hospital Provincial de Madrid.
En ese servicio estuve yo por la época de los 60 y ese edificio es el Museo Reina sofía en la actualidad.
Los sentimientos que han venido a mi mente y he vuelto a vivir, son una mezcla de tristeza y dolor y un gran deseo de replegarme sobre mi misma, de adoptar la postura fetal e ir enrrollandome sobre mi misma para convertirme en una bolita tan pequeña que llega a desaparecer.
Las emociones se me quedan engarfiadas en la garganta hasta sentir dolor, se quedan atascadas sin llegar a los ojos y salir al exterior en forma de lágrimas.
Los recuerdos de esa época de hospital son recuerdos blancos y frios, blancos eran los bancos de madera, sin respaldo, pegados a una pared alicatada de blanco y fria, blancas eran las camas de barrotes y blancas eran las mamparas que separaban, de dos en dos, las camas de la gran sala; blancas eran las tres grandes bolas que pendían del techo abovedado, que era verde claro y que iluminaban la sala a la que se accedia por una pequeña antesala, luego dos filas de doce camas y al final, un altar y sentada delante de el, sor Romana, una monja con tocas blancas que hacía temblar hasta a los médicos, tal era su caractar.
Al lado del altar, la sala de curas y el quirófano.
Los habituales de la sala era el enfermero/celador Mariano, tenía una enfermedad que le hacía que le temblaran las manos y me producía un terror inconmensurable cuando se acercaba con la sierra electrica para cortarte la escayola ya que alguna vez ha llegado a cortar la carne de debajo. La limpiadora llevaba un babi azul y la cara llena de granos y agujeros producidos por la viruela, se llamaba Petra; completaban el personal dos monjas, Sor romana, de la que ya he hablado, dura y rígida y otra mas joven, Sor Mercedes, dulce y servicial, aunque ahora que lo pienso, igual jugaban a ser el poli bueno y el poli malo.
De los médicos recuerdo los nombres de Sanchis Olmos y de Francisco Vaquero, pero nada mas; del que guardo un grato recuerdo es de D. Luis Gómez Barnuevo con el que he tenido el placer de hablar recientemente tras seguirle el rastro por internet.
Pasaba meses enteros sin ver a nadie mas qque a mi madre que estaba dia y noche conmigo; mi padre iba de vez en cuando a vernos y mis hermanas se quedaban en casa al cuidado de mi abuela.
Todas estas circunstancias, sin hablar del dolor físico, lo que se ma ha quedado marcado son el dolor y el miedo, la soledad, la impotencia serena de no entender nada, de no saber qué te pasa, por qué estas ahí ni por cuanto tiempo; de la ignorancia, la incomprensión y el dejarte hacer y pasar el tiempo sin hacer  ninguna pregunta,  ni de hacertelas ni planteártelas a ti misma porque solo tienes ocho años...

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